dijous, 28 d’abril de 2016

¿Qué hace un psicólogo?

Si hoy en día hay una profesión sobre la que aún  existe cierta disparidad de opiniones respecto a lo que se espera de ella, es la del psicólogo. De entrada, se puede definir como el profesional que promueve el bienestar mental y emocional de las personas. Para ayudar a aclarar cuáles son sus funciones y qué se puede esperar de esta figura, haré una tentativa de repaso a las escuelas generales (a pesar de que no son las únicas) de psicoterapia y del rol que el psicólogo tiene en cada una de ellas.

La concepción clásica del psicólogo es la del diván: la consulta es un lugar donde, relajadamente, se va a contar todo aquello que representa una fuente de sufrimiento para la persona y donde el terapeuta se limita a escuchar. Este modelo de terapia existe y está todavía muy presente sobre todo en América Latina, pero menos en Europa. Se trata del Psicoanálisis, cuyo padre es el célebre Sigmund Freud. Este modelo presupone que la solución a los problemas de las personas los encontraremos indagando en su pasado, tratando pues de resolver experiencias pasadas conflictivas o traumáticas que no pudieron ser resueltas. Para llegar al punto originario del conflicto, el psicólogo empleará todo el tiempo que necesite para ir extrayendo conclusiones de las dinámicas mentales de la persona. Estas terapias suelen tener una duración más bien larga. Fue la escuela dominante en la primera mitad del siglo XX.

La otra escuela es la Conductista. Al contrario del Psicoanálisis y con un cariz más experimental, esta escuela obvia totalmente la parte "mental", centrándose en la parte conductual, aquello observable, que es donde dirige toda la intervención. Según los conductistas, la mayoría de los problemas humanos se explican por la relación entre estímulos y respuestas. Es cronológicamente paralela al Psicoanálisis, eclosionando en la segunda mitad del siglo XX. Su máximo exponente fue B.F. Skinner. Gracias a ella, empieza a cambiar la concepción clásica del psicólogo y se acorta notablemente la duración de las terapias, puesto que el psicólogo sólo interviene en las secuencias de estímulo - respuesta, con varios grados de complejidad.

Otra es la escuela Cognitiva, que se nutre de la Tª de la Computación. Según los cognitivistas, cualquier forma de sufrimiento humano se debe de a un procesamiento inadecuado de la información, es decir, al filtro mental que se usa para interpretar aquello que vive y que le pasa. Se puede decir que el surgimiento de este modelo es paralelo a la emergencia de los ordenadores personales (PC), que servirían como analogía. Este modelo sólo trabaja con los pensamientos, tratando de detectar cuáles son los que hacen sufrir a la persona y trabajando para cambiarlos. Dos de los máximos exponentes de la Terapia Cognitiva son Aaron Beck y Albert Ellis.

La otra escuela relevante es la proveniente de las Terapias Breves Sistémicas. Desde este enfoque, que parte de varias teorías (Tª de los Sistemas, Tª de la Comunicación y la Cibernética), las personas no somos más que parte de un sistema en el que estamos inmersos y desde el que nos interrelacionamos. Este sistema puede ser, por ejemplo, la familia, a pesar de que puede haber otros de significativos. Entonces, según los teóricos de este modelo, los problemas pueden ser resueltos con brevedad y en el presente si se pone la mirada un poco más allá de la persona como individuo aislado y se tienen en cuenta las personas que lo rodean y con las que tiene una relación significativa. Esta escuela nace en el Mental Research Institute (MRI) de Palo Alto, con figuras como Paul Watzlawick o John Weakland como exponentes destacados, entre otros.

Como se ha visto, cada modelo tiene su propia forma de entender los problemas y resolverlos, así como sus técnicas. La mayoría de psicólogos suelen encuadrarse en alguno de ellos para intervenir, a pesar de que no es infrecuente ver como se sirven de técnicas de modelos ajenos. Así, no es lo mismo recibir una terapia psicoanalista que breve.

Mi forma de entender los problemas humanos se encuadra dentro de las Terapias Breves Sistémicas. Me resulta difícil entender un comportamiento sin entender también el contexto (sistema) en el que se da: esto me ayuda a centrarme en cómo el problema, originado o no en el pasado, afecta en el presente, sirviéndome de varias estrategias para su resolución. En ocasiones, me ayudo de la terapia cognitiva para someter en debate creencias que resultan perjudiciales y que también lo alimentan. Creo también que las personas tienen el potencial suficiente para resolver los problemas con poca o moderada ayuda: pienso firmemente que la mayoría de ellas esconden un potencial que por varias razones no han tenido la oportunidad de desarrollar.

Esta posición de ligarme a un modelo de intervención muy definido, me permite alejarme de la figura del psicólogo como 'consejero'. Pienso que cuando los psicólogos dan 'consejos' sobre la vida basándose en ideas propias, se están alejando de los modelos teóricos que tienen que hacer de base para intervenir en los problemas de las personas. Si como terapeuta se hace uso de principios personales que cree que son buenos, normales o deseables por la gente, se adopta un rol de 'referente' que en mi opinión no resulta aconsejable: el psicólogo no tiene porque saber más ni menos de las cosas de la vida que cualquier persona que se acerca a la consulta para resolver un problema determinado.

T.S.

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