dijous, 28 d’abril de 2016

Cuentos terapéuticos (I)

Había una vez un hombre, que era el cartero de la reserva, que escuchó a algunos de los Mayores hablar sobre objetos recibidos que otorgaban un gran poder. Él no sabía mucho sobre estas cosas, pero pensó que podría ser maravilloso recibir un objeto que sólo podía ser concedido por el Creador. En particular, escuchó de los Mayores que el objeto más excelso que una persona podía recibir era una pluma de águila. Decidió que tenía que tener una. Si podía recibir una pluma de águila, poseería todo el poder, la sabiduría y el prestigio que deseaba.

Pero también supo que no podía comprarla. Tenía que llegar por voluntad del Creador. Día tras día, salía a buscar una pluma de águila. Creía que para encontrarla, sólo tenía que mantener los ojos muy abiertos. Llegó un momento en que no pensaba en otra cosa. La pluma de águila ocupaba sus pensamientos desde el alba hasta el ocaso. Pasaron muchas semanas, meses, años. Todos los días el cartero hacía sus rondas, buscando incesantemente la pluma de águila. No prestaba atención ni a su familia ni a sus amigos. Mantenía la mente fija en la pluma de águila. Pero nunca la encontraba.

Empezó a envejecer, y la pluma no aparecía. Finalmente, se dio cuenta de que por mucho que buscara, no estaba más cerca de la pluma del que había sido el día que inició la búsqueda. Un día decidió cogerse un descanso junto al camino. Salió de su pequeño jeep y tuvo una conversación con el Creador. Dijo: "Estoy muy cansado de buscar la pluma de águila. He pasado toda mi vida pensando en ella. Casi no me he ocupado de mi familia y de mis amigos. Lo único que me ha preocupado ha sido la pluma y ahora la vida me ha pasado de largo. Me he perdido muchas cosas buenas. Bien, abandono la lucha. Dejaré de buscar la pluma y empezaré a vivir. Tal vez todavía tenga tiempo para recuperar mi vida y mis amigos. Perdóname por la manera en que he conducido mi vida".



Entonces, y sólo entonces, lo inundó una gran paz. De repente, se sintió mejor interiormente de lo que se había sentido todos aquellos años. Tan pronto como acabó de hablar con el Creador y empezó a andar en dirección al jeep, lo sorprendió una sombra que pasó por encima suya. Miró al cielo y vio un gran pájaro volando. Al instante, desapareció. Entonces vio algo que descendía flotante suavemente en el aire: una hermosa pluma. ¡Era su pluma de águila! Se dio cuenta de que la pluma había aparecido inmediatamente después de que abandonara la investigación y hacer las paces con el Creador.

Ahora el cartero es una persona distinta. La gente acude a él buscando sabiduría y él comparte con ellos todo el que sabe. Si bien ahora posee el poder y el prestigio que tanto anhelaba, ya no le interesan estas cosas. Se preocupa por los demás y no por sí mismo. Así llega la sabiduría.

Extraído íntegramente de: "Abrir caminos para el cambio" (M. Selekman, 1996)

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