divendres, 6 de maig de 2016

¿Cómo son los ciudadanos de tu ciudad?

A las personas se nos puede entender como un complejo organismo que constantemente está interactuando con su medio y que, como cualquier otro organismo, necesita un equilibrio interno para sobrevivir. Éste, explicado de una forma muy breve, es el concepto de homeostasis, que quiere decir que todo organismo vivo tiende a la estabilidad.  

​Así, las personas no somos una excepción. Necesitamos estabilidad física y mental, porque de lo contrario los problemas invadirían nuestras vidas. ​Uno de los elementos de que disponemos para mantener este equilibrio en nuestras vidas, es la forma en que pensamos. Dicho de una forma rápida: necesitamos entender todo lo que nos pasa, encontrar significados que encajen con nuestras particulares formas de entender el mundo y las personas porque, de lo contrario, nuestro sistema interno se desestabiliza y, de prolongarse mucho en el tiempo, esta falta de estabilidad puede convertirse en psicológicamente lesiva. A estas singulares maneras de entender todo el que nos pasa, las podemos definir como creencias


​A pesar de que hay diferentes tipos, de lo que me interesa hablar es de la enorme influencia que tienen las creencias para funcionar a nuestras vidas, y de qué manera nos pueden traer a formas especialmente intensas de sufrimiento que, de usar otras, no tendrían lugar. ¿De qué manera se crean estas formas de construir la realidad? Veámoslo a continuación.


Un fenómeno basado en la creencia que observo a menudo es la necesidad que las personas tenemos de acercar la realidad a lo que deseamos, es decir, esforzarnos al creer una determinada cosa. Tal vez con más frecuencia de la que sería deseable, solemos representar mentalmente el mundo que nos rodea de la forma más cercana a nuestros deseos, necesidades e ideas. Valga como ejemplo el relato de un destacado psicólogo del siglo XX, Gordon Allport, en 1964. Cuenta Allport que, después de acabar la Primera Guerra Mundial, en un hospital austríaco de veteranos, un paciente mostraba un dolor físico generalizado y perdía peso de una manera inexplicable. Los médicos no conseguían emitir un diagnóstico, motivo por el cual pidieron la opinión de un patólogo importante, anunciando al paciente que este médico sería capaz de diagnosticar su mal y de definir la terapia apropiada. Cuando el famoso doctor llegó a la cama del enfermo, observó atentamente aquel hombre sin tocarlo en absoluto y, finalmente, dijo: "moribundus". Y el gran patólogo, acompañado por el séquito de sus asistentes, se fue. Inexplicablemente, a partir de aquel momento el paciente empezó a mejorar, recuperó el peso y, pasadas unas semanas, se curó y fue dado de alta. Pasado un tiempo, visitó al gran patólogo en su casa para hacerle entrega de un obsequio y darle las gracias por haberle salvado la vida... ¡La suerte de no saber latín!





​Este relato obliga a hacerse una pregunta: ¿Qué es lo que curó este hombre?​ ¿De qué manera las creencias (fundamentadas o no) sobre otras personas influyen en nosotros?


​Suele ocurrir también que hay ocasiones en que los hechos que observamos no encajan con nuestro sistema de creencias, es decir, no concuerdan con nuestra forma de pensar. Aquí suelen observarse dos grandes tendencias: ​los hay que se cuestionan el porqué de aquello que no encaja, lo que implica desestabilizar el sistema. Si de este proceso de cuestionamiento se llega a una nueva creencia diferente a la inicial, se puede afirmar que se ha dado un nuevo aprendizaje. Por el contrario, la otra tendencia que se observa a menudo es tratar de acomodar los hechos a las creencias, de forma que éstas permanezcan inalterables, y por lo tanto, evitando desestabilizar el sistema psicológico. Como el lector habrá intuido, esto implica engañarse a sí mismo: ¿Cuántas personas hay de las que se puede afirmar que hay algo que no quieren ver o entender?


​Una prueba de esta tendencia que las personas tenemos por engañarnos a nosotros mismos la demostró Alex Bavelais en la Universidad de Stanford. Este investigador colocaba a una persona ante una serie de parejas de números sin ninguna relación entre ellos, pero se le pedía si veía alguna relación. Muchas personas creían descubrir relación entre los números después de repetidas presentaciones, pero la realidad era que no  había​. Incluso a algunas, cuando después se las informaba de la inexistencia de la relación, seguían afirmando que ellas habían visto alguna.


​Queda claro, pues, que vemos lo que queremos ver. Seleccionamos aquellos aspectos de la realidad que más encajan con las creencias que tenemos enraizadas dentro de nosotros para no entrar constantemente en crisis y desestabilizarnos, a pesar de que a veces sea aconsejable lo contrario. De esto es profundamente ilustrador este breve cuento: 


"Hay una historia antigua que cuenta que  había un sabio que acogía en la puerta de la ciudad a todo viajero que entraba. Un día llegó un hombre, que le pidió: ¿Cómo son los ciudadanos de esta ciudad? Y el sabio le preguntó: ¿Tú como crees que son? El hombre le respondió: espero que no sean como las de la ciudad de la que vengo, que eran ávaros, egoístas y malos. El sabio le respondió diciendo: también aquí encontrarás ciudadanos ávaros, egoístas y malos. Al día siguiente, llegó un hombre que le pidió al sabio: ¿cómo son los ciudadanos de esta ciudad? El sabio respondió pidiendo: ¿Cómo crees que son? Imagino que son personas buenas y hospitalarias, dijo el hombre. El sabio respondió: también aquí son buenas personas y hospitalarias."





¿Cómo son los ciudadanos de tu ciudad? 


T.S.

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