dijous, 20 d’octubre de 2016

Lo que hacemos determina lo que creemos

                                                                                                    “La ocasión se crea, no se espera" 
                                                                                                                                   Anónimo


Hoy día se habla mucho de autoestima, y no es extraño encontrarse en las consultas clientes que demanden mejorarla. Por lo que observo, está muy extendida la creencia de que la autoestima es una característica estática de las personas, de forma que se tiene o no se tiene, como si fuera una cosa que viene asignada de una forma más o menos arbitraria y sobre la cual poco se puede hacer. Pero, ¿es así? Reflexionemos un poco.

¿Qué es esto de la autoestima? Si quisiéramos definirla, ¿qué diríamos? Si se hace un poco de investigación bibliográfica, se encontrarán numerosas y variadas definiciones. De hecho, sobre ella se han publicado más de 7000 artículos y 600 libros, sin mencionar los más de 20000 artículos relacionados y los 2080 instrumentos que actualmente se emplean para medirla (Mruk, 1995). Parece claro que no existe en la actualidad un acuerdo generalizado entre los especialistas sobre el qué es la autoestima. Aún así, si tuviera que seleccionar una, seria esta, hecho por Coppersmith en 1967:

"Por autoestima entendemos la valoración que un individuo hace sobre si mismo, expresando una actitud de aprobación o desaprobación. Nos indica la medida en que el individuo se cree capaz, significativo, con éxito y merecedor. En síntesis, la autoestima es la actitud que la persona mantiene hacia ella misma.

Entonces, encontramos que la autoestima te a ver con una actitud. ¿Y qué es lo que determina una actitud? Pues la forma en que pensamos, la forma en que nos pensamos. ¿Hay alguna manera, pues, de cambiar aquello que pensamos de nosotros mismos? ¿Cómo conseguir cambiar la actitud de desaprobación hacia uno/a mismo/a hacia una actitud de aprobación? Una premisa de la que soy firme defensor es que, si existe como tal, la autoestima puede ser mejorada a través de los experiencias, con independencia de sí son satisfactorias o no. Son éstas - y nada más - las que otorgan crecimiento personal y sentimiento de valía en los capacidades de uno/a mismo/a: con el éxito, se experimenta satisfacción, y con el fracaso, se obtiene la receta para el éxito. En este sentido, Gregory Bateson, antropólogo que ha tengut una gran influencia en el pensamiento científico de la segunda mitad del siglo XX, afirmó lo siguiente:

Las creencias que tenemos sobre el mundo determinan aquello que hacemos, y aquello que hacemos determina las creencias que tenemos sobre el mundo”.

Son, en efecto, las experiencias los únicas que pueden cambiar nuestra forma de pensar y de pensarnos: parece clara la importancia de lo que hacemos para cambiar la forma que tenemos de entendernos a nosotros mismos y confiar en nuestras capacidades. Porque la razón no se puede cambiar a sí misma: pensando y pensando sólo entramos en una espiral de preguntas y respuestas sin ninguna dirección clara: se necesitan, cal insistir, experiencias. Para poner un ejemplo: es como un reloj que funciona mal. El reloj no se puede arreglar a sí mismo, necesita de un agente externo que lo haga: el reloj necesita un relojero para ser cambiado, y la razón necesita de experiencias. 

Las experiencias del presente, por pequeñas que sean, pueden llegar a tener un impacto gigante en el futuro. Cambiar de trabajo, liberarse de una relación tóxica, iniciar unos estudios, etc. Véase, en este sentido, los premisas en las que se basa la Teoría del Caos: un acontecimiento minúsculo en una parte del mundo, puede provocar otro de magnitudes enormes a la otra parte. Nada más lejos de la realidad: cada pequeña decisión que se toma en el presente puede cambiar, de una manera que ni llegamos a sospechar, los cosas en el futuro.

¿Qué cabe pues? Decidir, evolucionar, ser flexible. Estoy convencido que si el camino a la felicidad existe, es éste: ser el conductor de la propia vida a través de la toma de decisiones, por difíciles que puedan parecer.

Llegados a este punto, puede ser pertinente hacer la siguiente pregunta: ¿por qué hay personas que se quejan de su vida, de los otros, del mundo en general pero no toman decisiones, por pequeñas que sean, para cambiarlo? ¿Qué hace que tengan la sensación de que no evolucionan? ¿Es falta de capacidad o falta de voluntad? ¿Qué pasa?

Son numerosas los causas que pueden explicar estos bloqueos personales que impiden evolucionar y que se expresan en forma de largas crisis personales, pero yo destacaría dos, íntimamente relacionadas: el miedo a equivocarse y la búsqueda de seguridad. Cuando esto pasa, no es infrecuente encontrar todo tipo de autoengaño, en el sentido de que se buscan cerquen pretextos para justificar la falta de toma de decisiones. Del miedo a decidir y de los autoengaños que se  asocian, me extenderé en otra reseña. 

Por lo tanto, sólo decidiendo sobre la vida, haremos que cambie, abandonando esta incómoda espera de qué sean los otros o el mundo quién lo hagan por nosotros. Será de este modo cuando también cambiará la forma que tenemos de vernos. Dicho de otro modo, la autoestima no es té, se consigue. Ya lo decía el poeta: “caminante, no hay camino. El camino, se hace al andar...”.

T.S.

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